Responsable del tratamiento: Mario Martínez López, Calle del Cabañal 5, 03016 Alicante (legal@vestenda.com). Puedes escribirnos para cualquier cosa de esta política, incluidos los derechos que se explican más abajo.
Tu correo y tu nombre de usuario, para que tengas cuenta. Las fotos de tus prendas y lo que escribes de ellas —tipo, color, talla, marca—, que son tu armario. Tu foto de perfil, si la pones. Tu foto del probador, si la pones. Las imágenes que el probador genera contigo puesta la ropa. Y la cuenta de las pruebas que haces, porque cuestan dinero y van contadas.
A quién sigues y quién te sigue, si sigues a alguien desde Descubrir. Y esto es de lo poco de esta lista que se ve: tu perfil lo puede abrir cualquiera que tenga cuenta, y lo que enseña es tu nombre de usuario, desde qué mes tienes cuenta, cuánta gente te sigue y a cuánta sigues —con sus nombres de usuario—, y tus looks publicados. Nada más: ni tu correo, ni tu foto de perfil, ni qué plan tienes. Quien bloquees deja de ver tu perfil, y tú el suyo.
Lo que te escribes con otra gente. Un mensaje guarda quién lo mandó, a quién, cuándo, si lo has abierto, y lo que pusiste: el texto, si lo hay, y el look, si lo hay. El look va como referencia y no como copia, así que si su autor lo retira deja de verse también dentro de la conversación; el texto, en cambio, se queda escrito. Puedes responder a un mensaje en concreto, y entonces se guarda además a qué mensaje contestabas, que es lo que permite enseñarlo citado encima. Solo puedes escribirle a quien te sigue y sigues. Un mensaje lo veis los dos y nadie más —nosotros no leemos conversaciones, y no hay ninguna pantalla nuestra que las enseñe—, con una excepción: si uno de los dos denuncia un mensaje, lo leemos para poder decidir. Bloquear a alguien esconde vuestra conversación en las dos direcciones.
Y lo que el chat del armario aprende de ti. Cuando le dices «me vale» o «eso no» a lo que te propone, se mueven unos números que dicen cuánto te tiran unos colores, unas marcas y unas partes del cuerpo, y si prefieres estrenar ropa o ir a lo de siempre. Son eso, números: ni las prendas que te propuso ni sus fotos. Están para que la siguiente propuesta se parezca más a ti, y se van con la cuenta si la borras.
Si te suscribes a Vestenda Pro guardamos que lo estás, hasta cuándo, y el identificador que Apple le pone a esa compra, que es lo que nos permite reconocerla cuando cambias de móvil o restauras. No guardamos tu forma de pago ni tu tarjeta: eso no llega hasta aquí, lo cobra Apple.
Si nos dejas avisarte, guardamos el identificador que Apple le pone a tu móvil para que un aviso pueda llegar a ese aparato y no a otro, y el idioma en el que lo tienes, para escribirte en él. Ese identificador no dice quién eres ni qué haces con la app. Se borra cuando cierras sesión, cuando borras la cuenta y cuando desinstalas.
Tu ubicación no la guardamos, y es la única cosa de esta lista de la que se puede decir eso. Si le das permiso, la app le pregunta al móvil dónde estás —aproximadamente, no la calle— y se lo pasa al servicio del tiempo de Apple para saber si llueve y proponerte ropa acorde. Ahí se acaba: no viaja a nuestros servidores, no queda en ninguna fila y no hay dónde consultarla después. Puedes quitarle el permiso cuando quieras desde los ajustes de tu móvil, y lo único que pierdes es el tiempo que hace.
Nosotros no usamos analítica ni publicidad: no hay nada nuestro en la app que mire lo que haces para vendérselo a nadie.
Lo que sí mandamos son los fallos. Cuando algo se rompe —la app se cierra sola, una pantalla no carga— sale un informe con qué se rompió, en qué versión de Vestenda y en qué modelo de móvil, y con los últimos pasos que la app había dado antes de romperse: qué pantallas se abrieron y a qué servidores se llamó. Va sin tu nombre, sin tu correo y sin nada que te señale: a las direcciones que aparecen ahí se les quitan los identificadores antes de que salgan del móvil. No se manda ninguna captura de pantalla ni ninguna foto, y no se manda nada mientras todo va bien.
La excepción, y te la contamos porque no depende de nosotros: si entras con «Continuar con Google», el componente de Google que abre esa pantalla recoge cosas suyas —el dispositivo desde el que entras, una ubicación aproximada, datos de uso, tu teléfono si tu cuenta de Google lo lleva, y algún dato más que su ficha no detalla— y las usa también para su propia analítica. Nada de eso lo pedimos nosotros, ni nos llega, ni lo podemos apagar. Si prefieres evitarlo, entra con Apple o con tu correo: esos dos no lo cargan.
Tu cuenta y tu armario los tratamos para darte el servicio que nos has pedido: es la ejecución del contrato entre tú y nosotros. Lo que el chat aprende de tus respuestas va por ahí también: proponerte ropa que te sirva es a lo que has venido.
Tu foto del probador es distinta y por eso se pide aparte, con una casilla que nace sin marcar: es una foto de tu cuerpo, y la base es tu consentimiento. Puedes retirarlo cuando quieras borrando la foto, y no pierdes nada más de la app al hacerlo.
Publicar un look en Descubrir es otra cosa distinta y también va con tu consentimiento, pedido aparte y look a look. Al publicar eliges con qué se ve: con el dibujo de tus prendas o con la imagen que generó el probador. Si eliges la segunda, esa imagen la ve cualquiera que entre en Descubrir y sale con una banda encima que dice que la generó una IA. Retirar el look la quita, y la casilla que marcaste en el probador no vale para esto: aquella es para generar la imagen, no para enseñarla.
Seguir a alguien es un gesto tuyo, como el me gusta, y va con tu consentimiento: se da persona a persona, tocando «Seguir» en su perfil, y se retira con un toque en el mismo sitio. Lo que se guarda es eso, quién sigue a quién, y se ve en los dos perfiles.
Los avisos van con tu permiso, el que te pide el móvil la primera vez que publicas un look. Si lo das, te escribimos cuando a alguien le gusta un look tuyo y cuando alguien empieza a seguirte: te decimos quién, y cuál si es un look. Los mismos avisos los tienes dentro de la app, en tu perfil, para leerlos cuando quieras. Puedes quitar los del móvil cuando quieras desde sus ajustes, y no pierdes nada más de la app al hacerlo.
Un look publicado también se puede compartir con un enlace, y ese enlace lo abre cualquiera: quien lo reciba ve el look en vestenda.com aunque no tenga la app ni cuenta con nosotros. Lo que se enseña ahí es lo mismo que se enseña en Descubrir —la portada que elegiste, el nombre del look y tu nombre de usuario— y nada más. Mientras el look esté retirado, el enlace no enseña nada.
Nadie con quien no haga falta. Estos son todos, con lo que recibe cada uno:
Supabase aloja la base de datos, las fotos y las cuentas. Es donde vive Vestenda.
Photoroom recorta el fondo de las fotos de tus prendas. Recibe la foto de la prenda, no tu foto ni tus datos.
Fashn genera las imágenes del probador. Recibe tu foto del probador y las fotos de las prendas del look, cada vez que pruebas uno. Es el único que ve tu cuerpo, y por eso su nombre está también en la pantalla donde se pide la foto.
Sentry recibe los informes de fallo, y nada más que eso. Sus servidores están en Alemania. No ve tus fotos, ni tu armario, ni tu correo, ni tu nombre.
Apple y Google, si entras con «Continuar con Apple» o «Continuar con Google»: ellos confirman que eres tú. Si entras con correo y contraseña no interviene ninguno.
Apple una tercera vez, si activas los avisos: sus servidores son los que llevan la notificación a tu móvil. Reciben el identificador de tu aparato y el texto del aviso —el nombre de usuario de quien le ha dado a me gusta o ha empezado a seguirte y, si es de un look, el nombre de tu look—, y nada más.
Apple una cuarta vez, si le das permiso a la ubicación: su servicio del tiempo recibe el punto aproximado donde estás y contesta qué tiempo hace. No recibe tu cuenta, ni tu correo, ni nada que te señale, y nosotros no vemos ni una cosa ni la otra.
Apple otra vez, y por otra cosa, si te suscribes: es quien vende la suscripción y quien la cobra, y quien nos dice a nosotros que sigue viva o que se ha cancelado. Lo que nos manda es eso, no tus datos de pago.
Y Google recoge de su lado algo más que confirmar quién eres, pero solo si entras con él. Está contado arriba, en «Qué guardamos».
Fashn puede tratar los datos en el Reino Unido, en el Espacio Económico Europeo y en Estados Unidos, y se apoya a su vez en proveedores en Estados Unidos y en Singapur, Malasia e Indonesia. Quiere decir que tu foto del probador puede salir de Europa.
Cuando sale, la transferencia se ampara en una decisión de adecuación o, si no la hay, en las cláusulas contractuales tipo de la Unión Europea, que forman parte del contrato que tenemos con ellos.
Mientras tengas cuenta. Si la borras, se borra todo lo tuyo: el armario, las fotos, las imágenes generadas, a quién seguías, quién te seguía, los avisos que provocaste a otros y los mensajes que mandaste y recibiste. Y si borras solo la foto del probador, desaparece de tu cuenta y de nuestros servidores; las imágenes que ya hubieras generado se quedan hasta que las borres tú.
Un seguimiento dura lo que tú quieras: dejar de seguir lo borra, y bloquear a alguien deshace los dos, el tuyo y el suyo.
Los mensajes duran dos años desde que se mandan, y después se borran solos. Lo decimos porque «mientras tengas cuenta» no es un plazo para algo así: una conversación viva se renueva sola con cada mensaje nuevo, y lo que se va es lo que llevaba dos años parado. Si borras tu cuenta se van todos antes, como todo lo demás.
Un mensaje no se puede retirar de uno en uno. Lo que se retira es el look, y entonces deja de verse en la conversación; lo que escribiste se queda hasta que caduque. Bloquear a alguien esconde vuestra conversación entera para los dos, y desbloquear la devuelve.
De Fashn sí te podemos decir una cosa con número: la imagen que genera se borra de sus servidores a los tres días. Lo que no publican es cuánto conservan la foto que les enviamos; si nos lo pides, podemos ordenarles que la borren, y su contrato les obliga a hacerlo sin demora. También está escrito ahí que no usan tus fotos para entrenar sus modelos, y que al terminar el contrato borran lo que tengan.
Pedirnos una copia de lo que tenemos tuyo, corregir lo que esté mal, llevártelo a otro sitio, que dejemos de tratarlo, o que lo borremos entero. Y retirar el consentimiento de la foto del probador sin dar explicaciones.
Borrar la cuenta y borrar la foto no hace falta pedírnoslo: los dos están en la app, en tu perfil, y funcionan solos. Para todo lo demás, escríbenos.
Si crees que no lo hacemos bien, puedes reclamar ante la Agencia Española de Protección de Datos.
Para tener cuenta hay que tener al menos 14 años. Se pregunta al crearla.
Para el probador hay que tener 16, y se pregunta otra vez, en una casilla suya: subir una foto de cuerpo entero de un menor no es lo mismo que subir un avatar, y esa foto además sale de la app.
Si eres madre, padre o tutor y crees que la cuenta es de un menor de 14, escríbenos y la cerramos.
Esta política lleva fecha y número de versión, y viaja dentro de la app: la que aceptaste es la que llevaba tu versión. Si cambia algo que te afecte de verdad —un destinatario nuevo, otra finalidad— te lo decimos dentro de la app, no cambiando el texto a la callada.